Una muestra del Cabildo desvela los cambios que vieron los ojos del compositor Santiago Tejera de mediados del XIX a ya entrado el XX

31 may 2018

La exposición fotográfica ‘La hija del Mestre. Miradas cruzadas’ permitirá descubrir de la mano del Cabildo los cambios que vieron los ojos del compositor de la primera zarzuela canaria, Santiago Tejera Ossavarry, a lo largo de su vida, entre 1852 y 1936, tanto en el paisaje de la capital grancanaria, desde el Puerto pasando por Triana y hasta el Guiniaguada y San Cristóbal, como los que experimentó la sociedad, la política y la cultura.

La muestra, que abarca de 1860 a 1939, estará abierta en el CICCA hasta el 13 de julio y ha sido organizada con motivo del 90º aniversario del estreno de la primera película de contenido canario, ‘La hija del Mestre’, basada en la zarzuela compuesta por Tejera en 1902, e incluye medio centenar de imágenes antiguas del archivo histórico del Cabildo con panorámicas de la ciudad y de edificios emblemáticos como el Teatro Pérez Galdós, la Catedral, el Museo Canario, además de retratos, eventos como el carnaval o actividades del día a día en cafés, ultramarinos o de los pescadores.

También comprende una docena de instantáneas artísticas de la fotógrafa Lorena Morín inspiradas en los personajes de la obra que permiten conocer el relato de la pieza, así como el documento audiovisual ‘Quemar las naves’ de Macu Machín, que recrea la época en la que vivió Tejera, detalla la consejera insular de Artesanía, Minerva Alonso.

“Es una mirada atrás, no para  cultivar la melancolía por la tradición y el pasado, sino para reflexionar sobre el dinamismo social y cultural que acompañó su vida y comprender que en ese dinamismo se encuentra el futuro de esta metrópolis atlántica”, explica uno de los comisarios de la exposición, Gabriel Betancor.

Y es que la fecha de nacimiento de Tejera, en 1852, coincide con un periodo de recuperación de la capital grancanaria tras la epidemia de cólera del año anterior que diezmó cerca del 10 por ciento de los habitantes de la Isla, la mayoría residentes en Las Palmas de Gran Canaria, que por ese entonces no llegaba a 15.000 personas.

Además, el mismo año en el que vino al mundo tuvo lugar el decreto de Puertos Francos dictado por el Gobierno de España, que liberalizó el comercio del Archipiélago con el objetivo de incentivar la vida económica para dejar atrás la profunda depresión que asolaba a la economía en aquel entonces.

Pero si su nacimiento fue un año crucial para el devenir de la ciudad, también lo fue el de su muerte en 1936, que coincide con el levantamiento militar que deriva en la Guerra Civil española y que concluye con el establecimiento de una dictadura fascista durante 40 años.

Por ese entonces ya había 100.000 habitantes en la ciudad y la expansión urbana había cruzado el Guiniguada para fundirse por los Arenales y Ciudad Jardín con la pujante urbanización de La Isleta y el Puerto, mientras que la calle Triana tenía una frenética actividad comercial impulsada por las consignatarias europeas asentadas en el Puerto, detalla Betancor

La vieja política también había experimentado importantes cambios ya que desde 1912 el Cabildo se convierte en el Gobierno de la isla, mientras que el arte y la cultura vive un notable auge con el modernismo y la Escuela Luján Pérez, muestra de ello es que en 1936 la ciudad tenía varias salas de cine y cuatro teatros.

Tejera contribuyó a ese auge cultural desde el ámbito de la música al ser un prolífero compositor, explica Betancor del autor de ‘La hija del Mestre’ y de ‘Tristes folías’.

Esta exposición es una actividad paralela a otros actos en homenaje al músico, como la proyección de la película original que se estrenó en 1928 dirigida por Carlos Luis Monzón y Francisco González, prevista para este viernes en el Teatro Pérez Galdós en colaboración con la Asociación Teatro Lírico y Filmoteca Canaria.

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